Fue un reto para Owen Roizman, director de fotografía del film El exorcista (1973) iluminar de manera creíble esta escena tan oscura. Se colocaron babies (proyectores de mínima potencia) en el suelo, a las esquinas del decorado según el plano, a pesar de que la fuente de luz principal fuera la de las lámparas a los lados de la cama. Pero Owen más que realismo buscaba misterio, de ahí la iluminación de los rostros desde abajo. Y a esto hay que añadir el vaho, que también es difícil de captar en pantalla.
Tot un gran repte per Roizman. Podem veure com l'única font de llum de l'habitació és la làmpara de la tauleta que provoca una llum dura a la cara de la nena.
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